JAVIER WINTHUYSEN Y LOSADA

JAVIER WINTHUYSEN Y LOSADA

JAVIER WINTHUYSEN Y LOSADA

Javier Winthuysen, Antigüedades Riera

Javier Winthuysen: Donde la Luz Toca la Tierra

Javier Winthuysen Losada sobresale en la historia del arte español como un creador que fusionó la pintura y el diseño de jardines en una obra profundamente vinculada con el paisaje y la belleza natural.

Raíces e Influencias

Nacido en una familia de ascendencia flamenca afincada en el Puerto de Santa María, Winthuysen se formó inicialmente en Sevilla con los pintores José Arpa y Gonzalo Bilbao. Fue cofundador de la efímera Escuela Libre de Bellas Artes de Sevilla y se rodeó de figuras literarias como Juan Ramón Jiménez, los Machado, Rafael Alberti y Sorolla, quienes lo impulsaron hacia una doble faceta: artista del color y estudioso del jardín.

Pintor de Paisajes y Jardines

Sus viajes a París en 1903 y 1912 lo acercaron al impresionismo franco y al postimpresionismo, influyendo notablemente en su obra. Desde 1915, en Madrid, retrata jardines de la mano de figuras como Rusiñol y Sorolla, en la Institución Libre de Enseñanza.

Su pintura se caracteriza por:

  • Época sevillana: paisajes andaluces y jardines mediterráneos iniciales.

  • Época mediterránea (post-Guerra Civil): obras más densas y llenas de luz mediterránea, creadas entre Barcelona e Ibiza.

Varias de sus pinturas integran colecciones del Reina Sofía, los museos de Sevilla, Valencia, Hervás y Jaén.

Arquitecto de Jardines Históricos

Winthuysen fue pionero en la valorización de los jardines históricos como patrimonio. Desde los años 20, documentó jardines como Abadía, El Escorial o La Granja, obra archivada en el Real Jardín Botánico de Madrid.

En 1930 publicó Jardines Clásicos de España‑Castilla, recibiendo una Medalla de Oro de la Sociedad de Horticultura. Asimismo, fue nombrado Inspector General de Jardines por la Dirección General de Bellas Artes y restauró numerosos espacios en Moncloa, Valencia, Madrid o Gijón.

Ibiza y Final de Trayectoria

Tras la guerra, ganó el cargo de inspector de jardines bajo el franquismo y se instaló en Barcelona. Desde la década de 1940 pintó y diseñó jardines en Ibiza y Santa Eulària, capturando la luz y la vegetación local en obras cautivadoras.

Legado y Reconocimientos

  • Su obra fue celebrada en exposiciones como la del Real Jardín Botánico de Madrid en 1986.

  • Sus proyectos como jardinero aparecen en jardines emblemáticos: Palacio de la Moncloa, Monforte (Valencia), Parador de Ciudad Rodrigo, Universidad de Gijón y más.

  • En 2004 se inauguró el Jardín Botánico Xavier de Winthuysen en Zaragoza, con su nombre y un monolito conmemorativo.

  • Su documentación está resguardada en el CSIC, y su importancia museística es permanente.

Conclusión

Javier Winthuysen y Losada encarnó una visión integral del arte y la naturaleza. Su pintura aporta sensibilidad impresionista a los paisajes, mientras sus proyectos paisajísticos consolidan una tradición conservacionista de los jardines. Artista, jardinero, teórico y docente, su trabajo sigue iluminando el camino entre pinceles y parterres.

ABANICOS DE CANTÓN

ABANICOS DE CANTÓN

CHINA EN LA PALMA

Abanico cantonés en madera lacada, siglo XIX, Antigüedades Riera

Susurros de Oriente: el esplendor de los abanicos del siglo XIX

Origen y contexto histórico
Fabricados principalmente en Cantón (Guangzhou) y exportados a Europa durante la segunda mitad del siglo XIX. Respondían a una auténtica «fiebre oriental» en Europa: su elaborada factura los hacía símbolos de estatus en la alta sociedad occidental.

Materiales y técnicas constructivas
Varillaje: en madera lacada, marfil o hueso tallado, fino, calado y a menudo lacado en negro orlado con dorado o rojo.
País: papel o seda pintados a gouache con meticulosas escenas cotidianas, personajes con caras en nácar o hueso, y ropajes en seda real.
Técnicas combinadas: uso de nácar, aplicaciones de tela, tallado en hueso o marfil, incrustaciones de carey, prata, seda… Esta fusión de materiales daba efecto tridimensional.

Estética e iconografía
Las escenas muestran plazas, paisajes fluviales, personajes múltiples —de ahí su nombre «mil caras»— con ricos detalles en bordes florales o motivos orientales.
Se evidencia una influencia de las técnicas europeas: se aprecian estilos de pintura occidental como el claroscuro, mezcla de motivos tradicionalmente chinos e innovación pictórica.

Producción en masa y exportación
Desde el reinado de Daoguang (1821‑1850), la producción se hizo muy industrializada: más de 200 talleres y más de 2.000 artesanos en ciudades como Rongchang, con una producción anual estimada de 4 millones de abanicos.
Estas piezas estaban cuidadosamente montadas y muchas venían con su propia caja, signo de prestigio y situación para exportación.

Conservación y valor actual
Varios ejemplares se conservan en museos, como el Museo del Romanticismo de Madrid, o han sido subastados en Europa (España, Francia) y en galerías especializadas.
Su condición actual puede variar: roturas en varillas, restauraciones en el país. Algunos alcanzan precios desde unos cientos hasta miles de euros.

Conclusión
Los abanicos cantonés del siglo XIX representan una confluencia fascinante entre las tradiciones chinas y la demanda estética europea. Fáciles de transportar y densamente trabajados, combinaron artesanía local en marfil, nácar y seda con innovaciones pictóricas según gustos extranjeros. Un ejemplo destacado de artes aplicadas y la dinámica de los intercambios culturales en la era Qing.

EUGENIO GOMEZ MIR

EUGENIO GOMEZ MIR

EUGENIO GOMEZ MIR: POESIA DE LUZ Y PAISAJE

Eugenio Gomez Mir, desnudo académico, colección Riera

Eugenio Gómez Mir: luz, color y modernidad en la Granada de principios del siglo XX

Orígenes e infancia
Eugenio Gómez Mir nació en Granada el 19 de diciembre de 1877, aunque algunas fuentes señalan 1887 como fecha alternativa. Falleció también en Granada el 20 de febrero de 1938. Desde niño mostró un talento natural para el dibujo, impulsado por un entorno familiar ligado al arte: era sobrino del músico Mario Vázquez y del pintor Paco Vázquez. Esta atmósfera artística sería el primer impulso de una carrera que marcaría profundamente la pintura granadina del siglo XX.

Formación y desarrollo artístico
Muy joven, ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Granada, donde destacó por su habilidad con el lápiz y la acuarela. Reconociendo su potencial, sus maestros lo enviaron a continuar su formación a Madrid, donde se convirtió en discípulo de Muñoz Degrain. Allí se vio influido por figuras clave del momento como Joaquín Sorolla, cuya sensibilidad por la luz marcaría también el estilo de Gómez Mir. Entre 1902 y 1904 vivió en París, donde se impregnó de las corrientes coloristas y modernas que dominaban el ambiente pictórico europeo.

En Granada, recibió también clases del pintor Eduardo García Guerra. Esta etapa afianzó su interés por el paisaje andaluz y por la representación emocional de su entorno inmediato.

Etapas y estilo artístico
La evolución artística de Gómez Mir puede dividirse en dos grandes etapas. En la primera, aún juvenil, se centra en obras de pequeño formato realizadas con plumilla o acuarela. Sus temas son rincones urbanos de Granada, especialmente la Alhambra y sus alrededores. En la segunda etapa, correspondiente a su madurez artística, adopta preferentemente el óleo sobre lienzo o cartón, y su estilo se vuelve más vibrante, con pinceladas sueltas y una paleta luminosa que bebe del fauvismo.

Su pintura destaca por el gesto expresivo, el uso dramático del color y una profunda conexión emocional con el paisaje. Lejos de la representación literal, buscó transmitir atmósferas, estados de ánimo y sensaciones a través del color y la luz.

Temática y obras más destacadas
Entre sus temas predilectos se encuentran los paisajes granadinos, especialmente los de Sierra Nevada, La Alpujarra y los jardines de la Alhambra. Obras como “Jardines altos del Generalife” o “Paisaje de la Alpujarra” son ejemplos emblemáticos de esta sensibilidad. También cultivó con soltura la naturaleza muerta, en la que frutas, flores y objetos cotidianos aparecen tratados con igual intensidad cromática y cuidado compositivo.

Además, incursionó en marinas y escenas urbanas de corte costumbrista. En obras como “Marina al amanecer” o “Carreras de caballos en el hipódromo”, muestra su dominio de la atmósfera y el movimiento. Uno de sus óleos más representativos, “La vereda de la estrella” (1901), fue recuperado y expuesto décadas después como testimonio del paisajismo granadino de comienzos de siglo.

Reconocimiento, exposiciones y premios
Participó por primera vez en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1899, cuando apenas tenía 8 años, y volvió a hacerlo de forma periódica a lo largo de su carrera. En 1910 fue galardonado con la tercera medalla de dicha exposición. Durante su vida, sus obras fueron expuestas en espacios como el Centro Artístico de Granada, salas municipales y comercios de prestigio como La Ville de París en 1905.

Tras su fallecimiento, su figura ha sido objeto de diversas exposiciones homenaje en Granada y Madrid, consolidando su lugar como uno de los grandes pintores granadinos del siglo XX.

Compromiso cultural y docente
En su vida personal, se casó con Asunción Castro Pérez, con quien tuvo una hija, Margarita. Eugenio Gómez Mir también se dedicó a la docencia como profesor de dibujo artístico en la Escuela de Artes y Oficios de Granada. Mantuvo una activa vida cultural, participando en tertulias, grupos literarios como “La Cuerda” y círculos artísticos como el del Centro Artístico, Literario y Científico de Granada.

Durante muchos veranos, frecuentó lugares emblemáticos para la bohemia local como la pensión Mezquita o la taberna El Polinario, espacios donde se reunían músicos, escritores y pintores para compartir ideas y proyectos.

Legado y valoración actual
La obra de Eugenio Gómez Mir forma parte hoy de importantes colecciones privadas y públicas, entre ellas la del Museo de Bellas Artes de Granada. En el mercado del arte, sus cuadros pueden alcanzar cifras que oscilan entre los 450 y los 12 000 euros, según la obra y su procedencia, prueba del creciente interés por su producción.

Conclusión
Eugenio Gómez Mir fue una figura clave para entender el modernismo pictórico granadino y la evolución del paisaje andaluz como género artístico. Su trabajo, profundamente arraigado en su tierra y al mismo tiempo abierto a las corrientes europeas, logra una síntesis única entre tradición y modernidad. Con cada pincelada dejó testimonio de una Granada luminosa, viva y emocional que aún hoy emociona a quienes se detienen ante sus cuadros.

RICARDO BAROJA

RICARDO BAROJA

RICARDO BAROJA: VERSO Y TRAZO

Ricardo Baroja, El puerto, colección Riera

Ricardo Baroja: un creador polifacético entre el grabado, la pintura y la literatura

Vida y formación artística
Ricardo Baroja nació en 1871 en Minas de Riotinto, en una familia de gran efervescencia intelectual. Hijo del ingeniero Serafín Baroja y hermano del célebre novelista Pío Baroja, creció en un ambiente que favorecía el pensamiento libre y la creación artística. Estudió ingeniería y archivística, pero su vocación pronto se volcó al arte. En Madrid asistió a clases de pintura y trabó amistad con figuras destacadas del mundo artístico e intelectual.

El gran grabador del 98
Entre 1900 y 1906 se consolidó como uno de los más importantes grabadores españoles, especialmente en la técnica del aguafuerte. Influenciado por Goya, logró una expresividad única, enfocada en representar lo marginal, lo oculto y lo popular. Participó en asociaciones de artistas como Arte Joven y la Sociedad de Grabadores Españoles. Fue galardonado con importantes premios y reconocido como uno de los mejores grabadores del siglo XX.

Pintor evocador y cronista de su tiempo
Tras perder un ojo en un accidente en 1931, Baroja se volcó con mayor intensidad en la pintura. Su obra pictórica es un testimonio de los paisajes urbanos y rurales que lo marcaron: Madrid, París, el País Vasco o Navarra. Pintaba lo que recordaba más que lo que veía, logrando atmósferas líricas, melancólicas y profundamente personales. Durante la Guerra Civil Española, se refugió en Vera de Bidasoa, donde creó una serie de obras de tono dramático y testimonial.

Escritor premiado y narrador visual
La faceta literaria de Baroja es tan sólida como la gráfica. Escribió novelas, relatos, obras de teatro y ensayos. Su estilo era directo, nostálgico, con un trasfondo ético y crítico. Fue galardonado con el Premio Cervantes de su época por su novela La Nao Capitana y publicó obras fundamentales como Gente del 98, donde retrató el espíritu de su generación con lucidez y calidez.

Legado: un genio polifacético
La obra de Ricardo Baroja abarca más de 130 grabados, cerca de 1.000 pinturas y más de 20 obras literarias. Fue un cronista visual de la España de principios del siglo XX, un artista que supo capturar la esencia de una época marcada por la transformación social, el conflicto y la modernidad incipiente. Su mirada, siempre crítica y poética, conecta lo cotidiano con lo trascendente.

Por qué escribir sobre Baroja en un blog de arte
Ricardo Baroja ofrece múltiples posibilidades para el análisis: su dominio técnico, su conexión con la historia, su sensibilidad social, su hermandad con figuras literarias y pictóricas del 98. Su obra es rica en simbolismo, memoria y humanidad. Es un artista que no se conformó con un solo lenguaje y cuya obra sigue dialogando con el presente.

HELLÍN EN BARRO Y FUEGO

HELLÍN EN BARRO Y FUEGO

HELLÍN EN BARRO Y FUEGO

Plato de Hellín, colección Riera

La loza hellinera: historia, estilos y legado artesanal

Introducción
La cerámica de Hellín, también conocida como loza hellinera, constituye uno de los capítulos más singulares y valiosos del patrimonio artístico y artesanal de Castilla-La Mancha. Su producción se desarrolló principalmente entre los siglos XVII y XIX, aunque sus raíces se hunden en tradiciones alfareras de época morisca. Su estilo, técnica y motivos decorativos la convierten en una manifestación única dentro del panorama cerámico español, diferenciándose claramente de otros centros como Talavera, Manises o Triana.

Contexto histórico y entorno de producción
La expansión de la cerámica vidriada en Hellín coincidió con un momento de auge económico en la localidad, derivado en parte de su situación geográfica estratégica en el sureste peninsular. Los talleres alfareros se concentraron en barrios periféricos como San Roque y La Cruz, donde las familias de tradición alfarera —como los Padilla, Lozano, Escandell o Zaragoza— transmitían sus conocimientos de generación en generación. Estas manufacturas tenían una función claramente utilitaria, pero también ornamental, y abastecían tanto a la población local como a comarcas vecinas.

La organización del trabajo en los talleres seguía el modelo gremial: había aprendices, oficiales y maestros, y en algunos casos, mujeres y niños participaban en tareas auxiliares. La materia prima, la arcilla, era extraída en las inmediaciones de Hellín y otras zonas cercanas como Pozohondo, lo que garantizaba un suministro constante y de calidad.

Técnicas y procesos de fabricación
El proceso técnico de elaboración de esta cerámica constaba de varias fases bien definidas. Primero se modelaban las piezas a mano o a torno, utilizando arcilla local con buena plasticidad. Tras el secado, se procedía a una primera cocción (bizcochado), que permitía endurecer la pieza antes de aplicar el vidriado.

Una vez cocidas, las piezas se recubrían con un baño estannífero, es decir, una mezcla de óxidos de plomo y estaño, que al ser cocida de nuevo generaba una superficie blanca, brillante y opaca. Sobre esta base se aplicaban los motivos decorativos mediante pinceles, empleando óxidos metálicos: el azul cobalto era el más característico, aunque también se usaban óxidos de hierro para tonos ocres, manganeso para detalles en negro o morado, y en ocasiones cobre para verdes. Después, la pieza se cocía nuevamente para fijar los colores al vidriado.

Este proceso, exigente y delicado, exigía una gran destreza, ya que el comportamiento de los óxidos durante la cocción era impredecible. Los hornos eran de leña, y el control de la temperatura se realizaba de forma empírica, lo que añade valor a cada una de las piezas conservadas hoy.

Estilos y decoración
Uno de los rasgos más distintivos de la cerámica de Hellín es su estilo decorativo. Aunque en sus primeros tiempos predominó la loza blanca lisa, pronto comenzó a desarrollarse una rica decoración pictórica que evolucionó con el tiempo.

En un primer momento apareció la decoración monocroma en azul cobalto, sobre fondo blanco. Posteriormente, se incorporaron colores adicionales que dieron lugar a la llamada loza bicolor (azul y ocre) y la tricolor (azul, ocre y negro). La loza policromada, con mayor riqueza tonal, también se produjo aunque en menor volumen, debido a su complejidad técnica.

Los motivos decorativos eran de carácter vegetal, geométrico y heráldico, además de composiciones florales como el típico “ramillete” o la célebre “colleja”, elemento vegetal estilizado que se convirtió en símbolo de identidad de la loza hellinera. También se representaban escenas con figuras humanas, aves, peces, jarrones y paisajes esquemáticos. Algunos objetos contenían inscripciones o leyendas breves, lo que otorga a las piezas un valor documental añadido.

Tipología de piezas
La producción hellinera incluía una amplia variedad de formas adaptadas a usos domésticos, religiosos, médicos y ornamentales. Entre las piezas más comunes destacan platos, fuentes, lebrillos (zafas), jarras, botijos, bacías de afeitar, albarelos (tarros de botica), especieros y azulejos decorativos. También se producían grandes tinajas y cántaros destinados al almacenamiento de líquidos y alimentos.

Una parte significativa de esta cerámica estaba destinada al ámbito sanitario y farmacéutico, lo que ha permitido identificar muchos objetos en excavaciones arqueológicas vinculadas a boticas, conventos u hospitales de época moderna. También era frecuente su uso en contextos religiosos, como vasos para agua bendita o azulejos decorativos en ermitas.

Función social y distribución
La cerámica de Hellín no solo respondía a una necesidad utilitaria, sino que también jugaba un papel simbólico y estético dentro de los hogares. Su distribución alcanzó toda la provincia de Albacete, así como comarcas limítrofes de Murcia, Alicante y Jaén. Algunas piezas han sido documentadas incluso en Madrid, lo que indica una red de comercio activa que iba más allá del consumo local.

El uso de esta cerámica abarcaba todas las clases sociales. Desde las élites eclesiásticas y nobles, que encargaban piezas decoradas con escudos, hasta campesinos y artesanos que adquirían objetos más sencillos. Esta amplia difusión refuerza su valor como testimonio de la vida cotidiana en la Castilla meridional de los siglos modernos.

Declive y redescubrimiento
A partir del último tercio del siglo XIX, la cerámica de Hellín entró en declive. La aparición de nuevas técnicas industriales, junto con la competencia de otros centros cerámicos más mecanizados como Manises o Alcora, provocó la desaparición paulatina de los talleres hellineros. Hacia 1890, la producción de loza esmaltada ya era residual.

Durante décadas, esta cerámica fue olvidada, hasta que en la segunda mitad del siglo XX comenzó a ser estudiada por especialistas en cerámica histórica. Las investigaciones permitieron atribuir numerosas piezas que se conservaban en museos y colecciones particulares, lo que supuso la recuperación de su identidad artística. Hoy en día, la cerámica hellinera es reconocida como un patrimonio singular y valioso, con presencia en museos regionales y nacionales.

Conclusión
La cerámica de Hellín es un testimonio excepcional de la creatividad, técnica y sensibilidad estética de los artesanos manchegos. Su combinación de belleza, funcionalidad y carácter popular la convierten en un bien cultural de gran relevancia. Aunque su producción cesó hace más de un siglo, el interés por su estudio y conservación no ha hecho más que crecer, situándola por derecho propio dentro del repertorio de las grandes tradiciones cerámicas de España.

Bibliografía especializada recomendada
Para quienes deseen profundizar en el estudio de esta tradición cerámica, se proponen las siguientes obras clave:

  • La loza esmaltada hellinera de Francisco Javier López Precioso y Encarnación Rubio. Una monografía fundamental que estudia en profundidad la historia, técnica y simbología de la loza de Hellín.

  • La cerámica de Hellín: composición y mineralogía de sus pastas, obra colectiva coordinada por el Instituto de Estudios Albacetenses, donde se analizan científicamente las materias primas y procesos productivos desde una perspectiva arqueométrica.

  • La loza azul y blanco: estudio introductorio sobre la cerámica tradicional del sureste español, donde se contextualiza la producción hellinera en el marco más amplio de la cerámica decorada del Levante.

  • Catálogos de exposiciones como La loza de Hellín. Brillo y color, organizadas por museos y fundaciones culturales, que permiten conocer las piezas conservadas y su evolución tipológica.